La navidad fue un perro ladrando

La navidad fue un perro ladrando en medio de la noche.

Un crucigrama no resuelto.

La bocanada de humo familiar que disipó la alegría de antaño.

Un gato en la azotea. Una araña en el rincón de las paredes.

La navidad fue eso. Fue el silencio sin cohetes. Sin luces de bengala ni chifladores.

Un pavo muerto sobre la mesa.

Una cerveza azorrillada.

Las risas familiares atormentadas por el dolor anual que nos dejó la pandemia.

Un Santa Claus borracho de desgracias acumuladas.

Secos se quedaron los pinos.

Escasos fueron los regalos.

Nada fue como en la niñez, aquella en que vivíamos sin miedo a los abrazos.

Allá en el cielo festejan nuestros difuntos.

Se compadecen de vernos tan así, tan a medio gas, tan sin chispa.

Nos queda aguantar el encierro, la normativa sanitaria, y seguir creyendo que la vida será mejor.

Brindemos, con el vaso de agua natural, y el aire que extraña nuestra respiración.

Lo sé, nadie leerá esto.

El molusco de goma y carne que soy, les desea que día a día, a nuestra manera, siempre, sigamos haciendo escándalo. Así sea con la imaginación y la fantasía.

Mi regalo al mundo es éste.

Cien palabras que gritan desde el pantano: Feliz Navidad.

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